domingo, 30 de julio de 2017

Si ha entrado, tiene que salir

O al menos esa es la frase que suelta la abuela blanca media cuando estás angustiado con la cabeza enganchada entre dos barrotes. "Déjame salir" (Jordan Peele, 2017) ha sido un éxito sin precedentes en la taquilla mundial y especialmente en la norteamericana, un film escrito y dirigido por un humorista negro que analiza la sociedad moderna desmenuzándola en un angustioso y retorcido desenlace. Ni en el peor sueño de Luther King habríamos soñado con una crítica mejor, un thriller que no deja respirar, una auténtica máquina comercial portadora de un mensaje esencial que todavía no ha calado en la moral estadounidense. Peele sacrifica un terrible pasado que está en la memoria de todos —no hace falta dedicar una carrera cinematográfica a ello, Spike Lee— para dejarnos una moralina todavía más cruda y visceral, ahora el grueso del Ku Klux Klan no viste como los nazarenos de nuestra Semana Santa, ahora vota a Obama. El desarrollo del entramado del film es algo explicativo, esos vídeos del abuelo, las operaciones, comentarios sanitarios, pero lo cierto es que puede llegar a ser tan fantasioso que se necesita esa repetición aclarativa para entenderlo por completo. No olvidemos que todos esos programas de Discovery Channel, tan americanos, repiten varias veces "lo que va a ocurrir a continuación", antes y después de la publicidad. Una vez entras en la historia tiene un desarrollo corriente, es decir, no es difícil imaginarse lo que va a ocurrir, quién va a ser el malo o de qué forma va a morir la próxima víctima. Sin embargo, el imaginario del film es tan original que no deja de impresionar en ningún momento.

Daniel Kaluuya, un blanco perfecto

Jordan Peele
Se ha hablado en varios medios de "Déjame salir" como una película de género. Es cierto que comparte muchos guiños y técnicas heredadas del terror, movimientos de cámara, recursos de imagen y sonido, e incluso apartados del guión como el rapto inicial. No obstante, el film va mucho más allá, no da miedo, acojona que es peor. Apenas hay sustos, pero esa risa mantenida de la chica de servicio —¿Se dice así? Como es negra no sabía si está bien decir "criada" o "sirvienta"— se impregna en nuestra retina auditiva. Cuando hablamos de películas de terror mi mente navega mas hacia "Expediente Warren" (James Wan, 2013) o "No respires" (Fede Álvarez, 2016), buenas películas que no van más allá de sí mismas, buenos sustos, grandes personajes y mentes retorcidas. Pero "Déjame salir" es mucho más que eso, se acerca más a la crudeza de Polanski y al sigilo de Hitchcock, con la genial aportación que es la "coña" de Jordan Peele (un humor algo negro e irónico que ya vivimos en "La visita" de M. Night Shyamalan, con la que comparte productores). La cinta es tan innovadora y libre que importunan ciertas vueltas al cliché como el episodio de infancia del protagonista o el seguimiento de la regla esencial de Hollywood: "si ha entrado, tiene que salir". Es cierto que sin ello probablemente no hubiese llegado a dónde lo ha hecho. Resulta también un reto el perfil de cada blanco que describe el propio film, por cómo se mueven sabemos que está ocurriendo algo extraño y nos mata el agobio de no saber qué ocurre. Es el mismo sentimiento que nos viene con la vecindad de "La semilla del diablo" (Roman Polanski, 1968) o con los habitantes del pueblo de "Regresión" (Alejandro Amenábar, 2015), lo que ya es mucho para una ópera prima.

domingo, 23 de julio de 2017

Neorrealismo rumano

Puede que el título no sea el más adecuado para describir "Sieranevada" (Cristi Puiu, 2017), después de todo la palabra "neorrealismo" está ligada a una exquisita corriente cinematográfica. El problema está en que es el adjetivo que debería ponerle, después de todo muestra una reunión familiar a cuenta de la muerte de alguien (he sido incapaz de enterarme de quién era el pobre Emil) para, a través de ello, despedazar la tradición, cultura, comportamiento y sistema de un país, Rumanía. Ese es uno de los primeros problemas de este film, la descontextualización que vivimos con todos los personajes y gran parte de las conversaciones —ninguna me interesa ni lo más mínimo— desde la abuela (no sé si es la abuela, tampoco me he enterado) hasta el Pope, nada llama la intención, todo aburre. Me considero afortunado de pertenecer a mi familia, más ahora que he visto como parecen ser las "familias normales". En estos momentos estoy escuchando rumano en una sala oscura, "Sieranevada" sigue proyectándose, después de dos horas he decidido aprovechar el tiempo y ponerme a escribir la crítica. Me distraigo mínimamente, han traído otro plato a la mesa, la casa sigue congestionada, ni la comida me apetece. Sigo escribiendo. El personaje que yo llamo abuela —esa anciana vestida con un llamativo sombrero blanco— acaba de decir "no me he enterado de nada" ante una larga charla del Pope. No encuentro mejor descripción para esta película. En cuanto he visto el primer plano —llano, quieto, paralizado— he visto qué tipo de película era, no me importa pero me agobio porque he traído a mi abuela. Mi abuela se ha ido. Me he quedado solo con cuatro "intelectuales", me río de la situación. "¡Qué ironía tiene este chico! ¡Qué cinéfilo!", habrán pensado los presentes. Atención, después de dos horas la abuela se ha quitado el sombrero, creo que se lo han manchado, no me he enterado bien. El hecho de que no pusiesen ni un anuncio al comienzo de la proyección debía haberme advertido de lo que me esperaba. 


¡Qué hago aquí, si yo quería ver "Dunkerque" (Christopher Nolan, 2017)! Estaban esperando al Pope para comer y todavía no le he visto probar bocado. Ha entrado uno nuevo —con look a lo Espartaco Santoni— habla de una cuñada, ¿cuñada de quién? En este punto me pregunto si los subtítulos están diciendo lo mismo que dicen ellos. Sí, acabo de leer "manipulado" y he oído "manipulato", las lenguas romances, es lo que tiene. Después de ver "Toni Erdmann" (Maren Ade, 2016) creí haber aprendido la lección sobre la comedia Europea, este año ya me he pasado más de seis horas en Rumanía, pero recordaba algunas críticas en las que se hablaba de una "comedia berlanguiana". ¡Cómo me la iba a perder! Me gustan las revistas de cine, son bonitas, nostálgicas, casi una rutina "vintage" de nuestro tiempo, el único problema son las críticas, cada vez las considero más innecesarias. Mierda, se han reído en el cine y estaba escribiendo, ya me he perdido otra genialidad. Parece que no estoy tan solo, acaba de bostezar el "intelectual" de mi derecha, te he pillado, eres de los míos. Ya ha llegado la nota de comedia sexual. ¡Qué vergüenza! Menos mal que se ha ido mi abuela. Con todo esto se ha reído el "intelectual" de mi derecha, traidor. Pienso en la mujer rumana que pide en el puente, por lo menos a ella no le hacen falta estos insufribles subtítulos. Por lo menos en el film de Maren Ade había una estética, exteriores. Empiezo a creer que estoy encerrado para siempre en este cine, todo en la película es decadente, en esa casa. El médico me dijo que no era claustrofóbico, que sólo había tenido un ataque de ansiedad. Mentira, esto es claustrofóbico, me estoy agobiando, quiero salir de esta casa. ¿O me está dando otro ataque de ansiedad? Acaban de salir, parece que se van —creo— justo cuando lo necesitaba. El film triunfó por su paso en Cannes, me extraña, con lo estirados y elegantes que parecen paseando por la Croisette. En el aparcamiento ha habido pelea, qué iluso he sido pensando que se iban ya. Me gustó la templanza y el análisis sobre el matrimonio de "Fuerza Mayor" (Ruben Östlund, 2014), de lo digo para que vean que pervive en mí algo de alma cinéfila. Pero el de aquí es fácil y pretencioso, no hay nada más allá de este llorica. Mi Europa es más la de la burguesía atormentada de Haneke o incluso la humildad y tradición bien rodada de Kusturica, pero está muy lejos de "Sieranevada". Quizás la más real, la más cruda y negra, pero también la más aburrida y la menos cinematográfica, quedárosla para documentales. Termino de escribir y esto no se acaba. 

viernes, 21 de julio de 2017

Charles Chaplin, de aniversario

El paso del tiempo ha sido desde tiempos ancestrales el tema de conversación de los ancianos, heredado por nosotros mismos al llegar a su edad. Parece que fue ayer cuando se estrenó "Charlot, presidiario" y ya han pasado cien años, como de los tres cortometrajes que Charles Chaplin realizó junto a éste en 1917. El genio universal, el maestro de la comedia dramática, el hombre que supo adaptarse del mudo al sonoro con la mayor crítica a los nazis jamás realizada, cuando la II Guerra Mundial no había hecho más que empezar. La sátira "El gran dictador" (Chaplin, 1940) se ha convertido en un ejemplo de obra citada como gran película, pero olvidada en su genialidad de producto cinematográfico. Probablemente porque apenas un año después, un joven Orson Welles estrenaría "Ciudadano Kane" y cambiaría la forma de mirar el cine. Hoy toca reivindicar al genial Chaplin, no sólo por su capacidad para lograr el gag más desternillante o la emoción más impertérrita con un simple plano, sino por ser uno de los mayores maestros artesanos del cine americano. Su capacidad para jugar con la perspectiva y el trucaje hizo posible lo que hoy conocemos como la "magia del cine", término que últimamente parece exclusivo de los VFX. Fue esta capacidad para engañar al objetivo la que hizo que funcionaran todas sus persecuciones, tartazos y esquivos, y la que hizo que le recordásemos como un genio del cine y no como un payaso. Fue el propio Chaplin quien sentenció que "el tiempo es un gran autor, siempre da con el final perfecto", este 25 de diciembre se cumplirá el trigésimo aniversario de su muerte y ya es hora de darle el final que merece, pues treinta y seis años después el Oscar Honorífico se ha entrado a Jackie Chan.

Relevo de genios, Welles y Chaplin

Con el reestreno en 1972 de "Candilejas" (Chaplin, 1952), la enorme capacidad creativa del genio fue reconocida con otro Oscar a la Mejor Banda Sonora, aunque su versatilidad como actor, director, guionista y productor ya había sido reconocida —antes de ser tachado de comunista— por una virginal Academia estadounidense con un Óscar especial por todos sus cometidos en "El circo" (1928). El problema es que para muchos queda en la memoria el vagabundo Charlot, un cómico más del primer cine, como Harold Lloyd, Mack Sennett, Ford Sterling (quien llegaría a participar en más de 270 películas, entre cortos y largos) o Fatty Arbuckle, el más conocido, sí, pero uno más. Chaplin era un cómico, pero ligado a un humor trascendental, aunque fuera porque se encargó de conservar sus propias películas, que funcionará hasta que los niños de tres años aprendan a usar un móvil, entonces todo estará perdido. Este año se cumple también el cincuenta aniversario del estreno de un último film, "La condesa de Hong Kong" (Charles Chaplin, 1967), en la que no intervino como actor, lo que la convirtió en la cinta más marciana de su filmografía. Desde la dirección parece situarse con la mirada de un viejo verde dispuesto a disfrutar de la escultural belleza de sus jóvenes protagonistas, un Marlon Brando en decadencia y una Sophia Loren en su máximo esplendor. Una divertida comedia de crucero que cuenta también con banda sonora del propio Chaplin, digno legado de un maestro. Su presencia e influencia es tal en nuestra cultura actual que su propia persona sigue inspirando e imponiendo, cuando tuve la suerte de conocer a su hija Geraldine en la pasada edición de los Premios Goya se me vino una carga histórico-cinematográfica encima que me paralizó por completo. Era ella, la de "Doctor Zhivago" (David Lean, 1965), pero sobre todo era ella, la hija de Charles Chaplin.

Geraldine jugando al ahorcado con su padre

jueves, 20 de julio de 2017

No enfadéis al genio

Confidenciando con su futura esposa
El humor de Quentin Tarantino cambia con la dirección del viento por lo que, si queremos ver la anunciada película sobre los asesinatos de Charles Manson, debemos quedarnos callados para dejar pensar al genio. Es un proyecto difícil y delicado, donde el delicioso sentido del humor tarantiniano puede levantar más de una ampolla, protagonistas de este terrible apartado de la historia que bien podría ocupar una temporada de "American Crime Story" (Scott Alexander y Larry Zaraszewski, 2016-actualidad). El morbo ya está servido y ahora nos toca claudicar ante el silencia hasta que esté rodada, todos queremos una película más de Tarantino, después que venga la polémica que quiera. De momento, Debra Tate, ya ha acusado a Jennifer Lawrence de no ser lo "suficientemente guapa para interpretar a Sharon", parece ser que ella prefiera a Margot Robbie, quien también parece estar involucrada en el proyecto. La mente creadora de las escenas más sangrientas del cine reciente parece dispuesto a afrontar estos terribles acontecimientos con asesinato a embaraza incluido, ¿pero será capaz de resistir la presión mediática que envuelve esta serie de películas? El hombre que mató a Hitler parece tener una buena racha, y hasta le hemos visto sonreír a cuenta de su próximo matrimonio con Daniella Pick, hija del reconocido cantante israelí Svika Pick, pero no debemos jugar con fuego. Contamos con la ventaja de que Polanski no puede tocar suelo americano, además andará liado con la promoción de "D'après une histoire varié", su último film como director, mientras el propio Manson ya disfruta de la preproducción desde la cárcel.

Manson en su detención

Polanski y, la suficientemente guapa, Tate
Los hermanos Weinstein ya se han apuntado a la última genialidad de su "niño mimado", por lo que ya habrán empezado a reservar toda la producción de sangre cinematográfica de los próximos dos años. Brad Pitt también está en negociaciones para protagonizar el film. Poco más vamos a comentar ya que Tarantino es un experto en dejarnos con los dientes largos, llevamos años esperando una posible secuela de "Kill Bill Vol. 2" (2004), y a punto estuvimos de quedarnos sin "Los odiosos ocho" (2015), sin olvidar sus constantes amenazas de que dejará de dirigir tras su décima película. Sin embargo también ha afirmado que para considerarse un director de western debe dirigir "al menos tres películas sobre el tema". De lo que deducimos que tras  "Django desencadenado" (2012) y "Los odiosos ocho", todavía nos espera un tercer largometraje ambientado en el Lejano Oeste. Si nada se tuerce podemos tener Tarantino para rato. La Familia Manson se hizo un 69' para la historia, desde un marcado odio racial —que el director de "Jackie Brown" se ha encargado de satirizar y denostar en la mayoría de sus películas— tras el fracasado intento de asesinato de Bernard Crowe hasta los sucios asesinatos en la casa de Sharon Tate y LaBianca. Manson ya ha pasado por la gran pantalla en otras ocasiones, la última con "House of Manson" (Brandon Slagle, 2014), claro que con Tarantino todo aspira a ser completamente diferente.

Manson, van a por ti

martes, 18 de julio de 2017

En las pieles de Macarena Gómez

El timbre suena como aquellos que habitan las viejas películas de terror, esas piezas de culto que se conservan no sin cierta comicidad adquirida en el trajín de los años. No tarda en abrir una vivaz y fresca Macarena Gómez que me sorprende con una mascarilla que realza sus impresionantes ojos y su delicada sonrisa, “ya me estoy preparando para los Goya”, me aclara. Acaba de rodar “Nadie muere en Ambrosía” a las órdenes de Héctor Valdez y ha estrenado “Pieles”, la ópera prima de Eduardo Casanova, en la Berlinale. Macarena habla cristalina, con su simpático acento andaluz, nos recomienda “249. La noche en que una becaria encontró a Emiliano Revilla”, en la que participó y nos cuenta como “en la comida” ha coincidido con un periodista que había entrevistado a los protagonistas de la historia, quienes habían quedado fascinados con su trabajo. Habla también de su pasión por el cebiche y demuestra su vena cinéfila encumbrando “Lo que el viento se llevó” como una de sus imprescindibles y deseando poder trabajar pronto en Europa, “con directores como François Ozon”Todo ello sin separarse de su personaje en la popular serie “La que se avecina” ni de su familia. Y así comenzaba nuestra amena conversación...

¿Cómo se lleva ser madre y actriz en el día a día?

Yo siempre digo que con buena organización e infraestructura se puede hacer. Ser madre y actriz no es un logro, el logro es ser madre. Todas las madres del mundo hacen lo que yo, compaginar la vida laboral con la familiar.

Como actriz puede que viaje más y tenga más compromisos.

Sí, pero organizándote bien y con gente que te ayuda, abuelos, marido, tíos, amigos, es más llevadero. Es verdad que a veces es complicado no ver a tu hijo cuando te apetece, es muy duro. Pero hay muchas madres que, sin tener una vida tan activa como la mía, trabajan doce horas al día y cuando vuelven ya tienen al niño acostado que al final es lo que hago yo.


He leído que participará este año en cuatro largometrajes (“Nadie muere en Ambrosía”, “Pieles”, “Las pesadillas de Alberto Soto” y la cinta escocesa “The Owlman”), ¿de dónde saca el tiempo?

[Ríe sorprendida] ¿En tantos?... Sí, “Las pesadillas de Alberto Soto” es una película que hemos rodado con tres duros con un chico de Málaga [Miguel A. Almanza] que me envió el guión, me encantó y le dije que lo hacía. A mí me ayudaron cuando empecé y siempre me ha gustado mucho ayudar a los que están empezando.

Es cierto que su nombre está muy ligado a cortometrajes, ¿cómo ha sido acompañar a directores como Chapero-Jackson, Paco Cabezas o ahora a Eduardo Casanova en sus óperas primas?

Es muy curioso, son directores que me llamaron para sus primeros cortos y después fueron lo suficientemente honestos o buenos como para intentar que en sus largos participásemos el mayor número de personas que habíamos estado en sus cortos. Es una gran satisfacción que no se olviden de mi cuando saltan al largo.

Macarena y Aldo en los últimos "Goya"
Ya sea en los Premios Goya, en los eventos de Montblanc o ahora mismo con una bata, siempre nos sorprende con unos conjuntos fantásticos, ¿cuál es su relación con la moda?

Yo realmente nunca he prestado mucha atención a la moda, es algo que ha ido surgiendo de forma involuntaria. En el momento en que te das cuenta de que eres un personaje público y de que la gente está más pendiente de ti, una ve que tiene que cuidar más su imagen. No soy ninguna obsesionada de la moda, lo que pasa es que prácticamente con mirar los escaparates por la calle ya sabes qué es lo que se lleva. Siempre me visto con lo que me apetece y con lo que me siento cómoda.

¿Qué es la moda para Macarena Gómez?

La moda es un juego, por ejemplo, mañana vienen a hacerme las pruebas de vestuario para los Goya, los estilistas te miran, te arreglan, haces posturitas con el vestido. Es como si estuviera construyendo el personaje de una estrella de Hollywood, me divierte jugar a ello.

Dijo en una entrevista que Aldo [Comas] su marido “tiene un estilo único”, ¿le ha influido en la forma de vestir?

Muchísimo. Muchas veces nos preguntan porqué vamos del mismo color, pero nunca es premeditado, sin embargo si que hemos coincidido en ir conjuntados o con detalles similares. Él tiene un estilo innato, no piensa lo que se va a poner, le surge. Todo lo que yo me pongo o dejo de ponerme pasa por la opinión de mi marido, la necesito.


Antes hablábamos de su participación en proyectos jóvenes, pero también la hemos visto a las órdenes de grandes como Garci, Benito Zambrano o Álex de la Iglesia, ¿cambia la forma de trabajo?

El segundo trabajo que tuve en mi vida fue con Benito Zambrano que venía del éxito arrollador de “Solas”, yo estaba muy nerviosa, sudando, llorando por las esquinas… Ahora, con el paso del tiempo, no le doy tanta importancia. Pongo el mismo interés y la misma pasión para el estudiante de primero de carrera que me llama para un corto que para el director consagrado. La diferencia es que con ciertos directores de prestigio no me atrevo a opinar y con los que empiezan, como ya tengo cierto conocimiento, me permito dar mi opinión. Luego ellos me pueden hacer caso o no.

Su personaje en “Las brujas de Zugarramurdi” vive una tragedia en una comedia salvaje, ¿en qué género está más cómoda?

Me llaman mucho para hacer comedia, pero debe de ser porque al ser andaluza hay algo innato en mí. Lo que realmente me apasiona es hacer drama, es una catarsis, me permite investigar y descubrir cosas sobre mi misma. Es como una sesión con un psicólogo.

"Las brujas de Zugarramurdi"
“Las brujas…” es una de mis películas favoritas, no te hemos vuelto a ver con el Álex de la Iglesia-director…

[Ríe] Pregúntaselo a él… Es verdad que me llamó para participar en “Mi gran noche”, pero yo estaba a punto de dar a luz. Y lo que he tenido es la suerte de haber trabajado en todas sus películas como productor, claro que es también coincidencia que los directores a los que produce son amigos míos y han escrito papeles para mí. Pero no, no he vuelto a coincidir con el Álex director aunque me encantaría, yo siempre se lo digo.

Protagonizó la película de Antonia San Juan, “Del lado del verano”, una comedia optimista que trata temas como el machismo. ¿Cree que la mujer está maltratada en la industrial del cine?

Es un tema que me planteo y hablo mucho. Yo nunca he percibido que por ser mujer, en mi industria, me traten de otra manera, sí en determinados momentos de la vida pero no necesariamente en el cine. Es cierto que los guionistas tienden a escribir más papeles para hombres… Creo que la mujer está discriminada en la sociedad, actriz, barrendera o médico. Puede que esto se deba a cierto temor de los hombres hacia la mente femenina, siendo esta su forma de responder.  

Antonia San Juan es una de sus compañeras en “La que se avecina”. ¿Cómo suele llevarse con sus colegas de trabajo?

Depende del rodaje, por ejemplo en “La que se avecina” adoraba a Antonia, pasaba tantas horas en el camerino con ella… El tiempo es importante. Me he hecho más grandes amigas, compañeras actrices, que amigos. Creo que existe un fuerte componente sexual en la amistad por la dificultad en distinguir el límite entre lo que puede ser un amigo o un enamoramiento, es más difícil mantener las relaciones con el sexo opuesto, en la profesión. Puedo tener muchos conocidos y colegas, pero los verdaderos amigos que te haces en la profesión son pocos y, en mi caso, son amigas.

Antonia San Juan y Macarena

“Musarañas” es uno de sus papeles más extremos, ¿qué le debe a Montse?

Puede que uno de los más extremos pero no el más difícil, el personaje más complicado que he hecho en mi carrera ha sido el de Tana en la película de Antonia San Juan. Tenía que hablar con acento canario, era un personaje demasiado contenido, completamente opuesto a mí.
[Sonríe al ver que me ha llevado por otro tema] Por otro lado, Montse me dio grandes satisfacciones y, aparte de la nominación al Goya que ahí queda, me llevé muchísimos amigos de ese rodaje.

"Musarañas"
¿Son importantes los premios?

El premio físico en sí me da igual, al artista le gusta que alaben su trabajo. El auténtico premio de Montse fueron los agradecimientos de gente que ha valorado mi trabajo. Muchas veces hay películas que pueden reestrenarse después ganar los Goya y hacer que el distribuidor gane un poco de dinero, eso siempre se agradece. En mi caso creo que nunca me ha pasado.

Esta última semana hemos recibido la alegre noticia de que estrenaréis “Pieles” en la Berlinale. ¿Qué nos puede confesar de la película?

Te puedo decir que es una película transgresora tanto en su contenido como en su aspecto visual, completamente perteneciente al mundo tan particular y excéntrico de su director, Eduardo Casanova. Una crítica a como el mundo vive de las apariencias, del exterior y no del interior de las personas. Una crítica a la sociedad y la falsedad del mundo en el que vivimos. Eduardo tiene un mundo maravilloso que solo él entiende y por ello estoy contentísima de que la película vaya a Berlín, creo que él ni se lo imaginaba. Creció como un proyecto chiquitito a raíz de un corto y que llegue a Berlín es una paso enorme.

Ya ha colaborado con Eduardo en cortometrajes como “La hora del baño”, ¿qué transmite su estética?

Su estética es su mundo particular. Él se definiría como un cineasta de autor, siempre dice que lo que prima es la historia y la estética contribuye a realzar lo que está contando. Es muy difícil saber contar una historia y Eduardo Casanova sabe contarla y transmitir un mensaje, es un fuera de serie. Estaba pendiente hasta de la uña que tenías que llevar puesta porque todo significa algo.

Edu Casanova peinando a Macarena para "La hora del baño"

En “Pieles” es muy importante el físico, como lo es también en los actores. ¿Se ha visto alguna vez encasillada en ciertos papeles?

Puede ser que por mi físico, en terror… Encasillarte tiene también una connotación positiva, y es que siempre vas a tener trabajo en ese papel [reímos]. Es verdad que soy una chica menuda, con la cara pequeñita y de repente unos ojos muy grandes que pueden ser muy misteriosos… Misterio, terror, a veces si que me han encasillado en ese tipo de papeles. Yo me he preguntado porqué nunca me han dado un papel más sexy, de femme fatale, tal vez sea por eso.

"Pieles"
Al final uno no sabe si es por su físico o por la trayectoria que le sigue con ciertos papeles.

Yo creo que en mi caso es más bien por la trayectoria. A mí me llegan y me dicen unos que soy actriz cómica, otros que soy de género… Prefiero que no se decidan, así me llegan trabajos de los dos lados… Más que por mi físico creo que se debe a que alguien ve que eres buena para interpretar terror y te encasilla, está más relacionado con los prejuicios o el miedo al riesgo del director/productor.

Álex de la Iglesia ha dicho sobre “Pieles” que “es una película donde los malos son las personas normales”. ¿Quiénes son los malos para Macarena Gómez?

Te lo resumo citando a Hobbes, el ser humano es malo por naturaleza no creo en su bondad. ¿Qué quién es malo? Pues los seres humanos.

Participaste también en “Los héroes del mal”, ¿cómo fue el nacimiento de esta bestial película?

Un día estábamos en el Festival de Sitges Zoe [Berriatúa] y yo y me dijo que no aguantaba más, que iba a rodar su película. La anécdota es muy divertida porque me dijo que iba sobre unos adolescentes, me encantó la idea y le dije que tenía muchas ganas de hacer el papel. Claro, se me quedó mirando y dijo: “Macarena, no sé si eres consciente de que ya no eres una adolescente”. Yo con treinta y pico todavía pensaba que lo era. Entonces Zoe rodó la película sin un duro hasta que Álex de la Iglesia la vio y se incorporó a la producción.



Esta última semana se ha visto una fuerte crítica del sector de profesionales de la cultura hacia el presidente del gobierno, que dijo no haber visto ninguna de las nominadas a los Goya. ¿Las ha visto usted?

No. No porque no quiera, sino porque no he tenido tiempo, he estado dos meses trabajando fuera y tengo muchas ganas. Tengo VEOMAC, la plataforma de los académicos, y aún así ha sido el año que menos películas he visto… Me remuerde la conciencia. Ahora, te voy a decir una cosa, si yo como madre y actriz no tengo tiempo de ir al cine… ¡cómo va a tenerlo un presidente del gobierno! Digo yo que tanto el presidente como cualquier otro cargo político prefiere estar con su familia a ir al cine.


Así nos despedimos de Macarena, mientras busca el cable para ver “Que Dios nos perdone”, lleva tiempo queriendo verla. Como el presidente del gobierno, también es aficionada a la lectura. Si le damos a elegir no duda en quedarse con un autor: Gabriel García Márquez, “el más grande de la literatura universal”. Nos recomienda la que es ahora su lectura de almohada, “La trilogía del mal” de María José Moreno, “un auténtico thriller psicológico, me encanta”. Se desvanece así esta fantástica tarde que nos ha llevado a descubrir algo más de Macarena Gómez, la actriz, la mujer, la madre.

El autor de esta entrevista descubriendo Nueva York

Esta entrevista fue publicada en el Nº 40 de la revista "Vanitas".

sábado, 15 de julio de 2017

La dieta Barrymore

A Drew Barrymore la hemos visto en todo tipo de papeles desde que nos enterneciera por primera en la mítica "E.T., el extraterrestre" (Steven Spielberg, 1982). Con "Santa Clarita Diet" (Victor Fresco, 2017) vuelve a uno de los papeles más sobrenaturales de su carrera, un personaje estrechamente relacionado con el alienígena de Spielberg, por su comportamiento infantil e impetuoso, sus vómitos y su peculiar relación con la muerte. Esta ha sido una de las grandes revelaciones del último Netflix, una comedia absurda con momentos de lucidez, plagada de un humor negro que se confunde por su simpática visión de los muertos vivientes, pero lo cierto es que a lo largo de esta primera temporada un agente inmobiliario es devorado vivo, se alimentan de zumos de carne humana y hacen vomitar a una anciana serbia. Todo ello contrastado con un exquisito conocimiento de la "serie B", que se emplea aquí como grotesco y burdo, de tal manera que sólo deja espacio para la sonrisa. Su análisis del procedimiento para asesinar es delicioso, casi abre el apetito, se bromea y se tontea mucho sobre el tema, pero lo cierto es que cuando llega el momento de hacerlo la serie no se priva en sangre, sesos y tripas, tiñéndolo todo de un rojo que ya quisiera Almodóvar. Toda la estética alrededor de la matanza recibe influencia directa de la desquiciada mente del Patrick Bateman de "American Psycho" (Mary Harron, 2000), con chubasquero incluido. Otro de lo fuertes puntos cómicos es la ligereza con la que toman "este pequeño problema" todos y cada uno de los personajes, lo que deja de ser una astuta caricatura de nuestra sociedad, ¿hasta qué punto estamos dispuestos a aceptar la dieta de un vecino si podemos lograr algún beneficio? Esa facilidad para cargar con el muerto nos remite directamente a "Pero... ¿quién mató a Harry?" (Alfred Hitchcock, 1955), donde todos terminaban por asumir cierta culpabilidad de un cadáver que no era de nadie.

Drew Barrymore atendiendo una pequeña operación estética

El Sr. Bateman un ejemplo a seguir
La primera impresión que van a tener al ver los primeros episodios de "Santa Clarita Diet" es de que están ante una serie mala y no les faltaría razón si no fuera por su capacidad para crearnos una sonrisa adictiva, especialmente gracias a Drew Barrymore completamente desatada en naturalidad y una comedia cercana a lo físico, qué decir de esos últimos capítulos que remiten directamente a la genial "La muerte os sienta tan bien" (Robert Zemeckis, 1992). Mención a parte merece Timothy Olyphant, también cercano al personaje de Bruce Willis en el film de Zemeckis, dos hombres superados por las circunstancias dispuestos a cualquier cosa por sus mujeres. No se tratan de grandes interpretaciones, sino de sobreactuaciones cercanas a la vena más teatral de una comedia de vodevil que siente genial en verano. Ya era hora de que una mujer adoptase se convirtiese en un muerto viviente, después de años de cultura popular llena de zombies con sed de cerebro, llega una historia descerebrada con una muerta algo más sofisticada que esos bichos de "The Walking Dead" (Frank Darabont, 2010-actualidad). Sin duda es la comedia con muertos vivientes más divertida desde "Bienvenidos a Zombieland" (Ruben Fleischer, 2009), ambas muestra de un enfoque moderna, sin más pretensión que entretener, rápidas y frescas, no vamos a pedir más a este tipo de material audiovisual. Aunque quizás tienda a acercarse más hacia el juego de manualidades de "Zombies party" (Edgar Wright, 2004). Pese a estar rociada con este humor fácil no ha quedado exenta de polémica, el mismo cartel publicitario que ven bajo estas líneas causó estragos en las cuadriculadas mentes germánicas. No apta para los seguidores de Dukan o Atkins, lo cierto es que "Santa Clarita Diet" sorprende y alimenta... ¡y seguirá haciéndolo en una segunda temporada! La propia Barrymore tuvo la idea de un crossover (cuando aparece Peter Griffin en el Springfield de "Los Simpson") con "Stranger Things", eso ya se lo dejamos a Netflix.

Polémico cartel en Berlín. ¿Wurst?

jueves, 13 de julio de 2017

Baby: Desencadenado

A juzgar por el cartel, el tráiler y el propio título de "Baby Driver" (Edgar Wright, 2017) diríamos que nos encontramos ante otra de esas películas veraniegas de coches, romances y acción, cuál sería nuestra sorpresa al encontrarnos con eso mismo pero ligado a una excelente realización, una buena historia de amor, brillante desenvoltura en el guión y guiños de humor brillantes como esos juegos de palabras que suelta Kevin Spacey. Y por encima de todo una espléndida banda sonora que juega un papel determinante en la propia trama, ¡ríete tú de "La La Land" (Damien Chazelle, 2016)! Una historia mucho más solvente y activa que no pierde el romanticismo por sorprendernos con una excelente persecución, innovadora, que dejaría atrás al propio Steve McQueen de "Bullit" (Peter Yates, 1968). El trucado plano secuencia inicial con el que se nos presenta al joven Ansel Elgort es una delicia, muestra de que estamos ante un film con ritmo, incesante y ligero —no deja de ser cartelera veraniega— con un magnífico trabajo de realización. Se unen de forma excepcional el amor por la música y el cine, de una forma menos plástica que en el reconocido musical de Chazelle, con temas que van desde el "I Got the Feelin'" de James Brown a una versión de "Tequila" por la Button Down Brass, y unos personajes que cumplen con la función de brillar como estereotipos muy marcados por sus perfiles: el jefe, el loco, el loco de verdad, el traficante de la policía, la chica guapa mala, la chica guapa buena y el protagonista atrapado entre dos mundos.

Lily James y Elgort preparan una escena con Wright

Este es más 70's
"Baby Driver" es una grata sorpresa, con el peligro de que quizás me haya entrado mejor por lo que es que por lo que esperaba que fuera. Es en sí misma un homenaje al gran cine de acción que va más allá de explosiones y persecuciones sin sentido, es triste que tengamos que sorprendernos pero hay en este film una auténtica historia que engancha, conmueve y entretiene, no se puede pedir más a un film con ese cartel de aspecto retro noventero. El gesto de Wright al escribir un final como el de "Baby Driver", se debe tener en cuenta y agradecerse, por mucho que los consejos del boss Spacey indiquen lo contrario, se muestra aquí la lucha interna entre el Hollywood más comercial y ese que trata de convivir con directores indie-commercials como Edgar Wright, autor de la desquiciante "Bienvenidos al fin del mundo" (2013). Después de todo "Baby Driver" sigue teniendo la banderita del Reino Unido en FilmAffinity, aunque no se pueda ser más americano que ese Jamie Foxx —natural de Texas— que continúa con el estilo "paleto" de "Django desencadenado" (Quentin Tarantino, 2012) fielmente respetado por Juan Antonio Bernal en el doblaje. Les invito a compartir la furia de este Baby desencadenado, un niño bonito de las grandes producciones con ganas de quemar llanta y enamorar a la taquilla. Lily James rescata algunos de los momentos más pasteleros de "La Cenicienta" (Kenneth Branagh, 2015) para teñirlos de niña buena con ganas de pelea, mientras Eiza González protagoniza uno de esos momentos de oro, totalmente peliculero, que resulta ser el desencadenante del acto final del film.

Los ascensores son un escenario fundamental en "Baby Driver"

martes, 11 de julio de 2017

¿Dónde vas, Paquita Rico?

Se nos ha ido Paquita Rico, lo que significa cientos de titulares que rezan frases como "adiós a la última folclórica" o "¿no se había muerto ya?". Hace veinte años que estamos despidiendo a las últimas folclóricas, cuando probablemente sea el enorme interés de los medios alrededor de la muerte de estas figuras del arte español lo que las mantenga con vida. Carmen Sevilla no se acordará, pero ya es la última figura que sobrevive al cartel de la mítica "El balcón de la luna" (Luis Saslavsky, 1962), donde cantaba a tres voces junto a la Rico y a Lola "Ay, qué calor", muy apropiada en esta época estival. Película donde destacaba especialmente ese análisis que la desaparecida Paquita hacía de el beso de la española, llegando a la conclusión de que era siempre de verdad. Como buena folclórica, Paquita Rico enviudó de un torero en 1965 como si se tratara de un requisito, para volverse a casar en 1968 con el empresario canario —aunque no lo parezca estos detalles interesan a las congéneres de la fallecida, que son quienes leerán el artículo hasta el final— Guillermo Arsenio Arocha Fernández. Todavía sin confirmar, lo más probable es que el próximo sábado se rinda algún tipo de homenaje a Paquita Rico en "Cine de barrio" de TVE, lo que si está casi confirmado es la asistencia de Concha Velasco al velatorio de la difunta folclórica. "¿Dónde vas, Alfonso XII?" (Luis César Amadori, 1958) fue su obra cumbre, por la que sería recordada eternamente como la mítica María de las Mercedes. Guapa, sevillana, artista y folclórica, nos dijo adiós el pasado 9 de Julio en su ciudad natal, que como ya cantó ella misma "Sevilla no hay más que una".


Benito Perojo, Enrique Herreros y Florián Rey fueron los principales responsables de iniciar —en el cine me refiero— a la grandes damas de la canción española. Sería el último quien llevaría a Paquita Rico por la puerta grande con "Brindis a Manolete" (Florián Rey, 1948), un protagonista en condiciones que la elevó a la fama y que le haría gorgoritear por títulos como "Malvaloca" (Ramón Torrado, 1954) "Suspiros de Triana" (Ramón Torrado, 1955), ésta junto al mítico Angelillo. Siguiendo también la estela de las grandes folclóricas terminó su carrera cinematográfica en una de esas películas llenas de actores y disparates, mientras Lola Flores terminó como Isabel la Católica en "Juana la loca... de vez en cuando" (José Ramón Larraz, 1983), Paquita Rico fue Doña Urraca en "El Cid cabreador" (Angelino Fons, 1983), para terminar pasando —como cualquier estrella que se precie— por el "Hostal Royal Manzanares" de Lina Morgan. Casi veinte años después de verla por última vez en la televisión la despedimos casi sin darnos cuenta, dando el adiós a una de las grandes maestras de lo que viene a ser España. Y el resto de los medios que no preocupen, ahí aguantan Carmen Sevilla, Gracia Montes, Antoñita Moreno, Nati Mistral o Elisa Montés entre otras tantas, esperando —y tocamos madera para que sea por mucho tiempo— su merecido obituario que las recordará como "la última folclórica" por enésima vez.

Que esta fotografía exista es un regalo divino

lunes, 10 de julio de 2017

Cólico Netflíxico

Si empieza a sentir dolores agudos en la zona renal y fuerte escozor de ojos es probable que esté sufriendo un "cólico netflíxico", provocada normalmente tras largas horas de maratón seriéfila, intercalada con algunos de los conocidos títulos que nos ofrece la plataforma video on demand conocida como Netflix. Los primeros síntomas suelen ser la palidez en verano, la pérdida de noción de la realidad y del tiempo, como una droga termina por consumirnos con cada contenido, y cuando parece que has terminado con las series que entendías como preferidas descubres otra o simplemente lanzan "nuevos episodios". Netflix se ha convertido en un fenómeno por encima del resto de sus similares, un lugar por el que caminar eternamente al estilo "Matrix" (Lilly y Lana Wachowski, 1999), del que solo puedes librarte durante ese breve período en el que buscas una película y no la encuentras, porque hay que reconocer que en el aspecto del largometraje aún sigue un poco atrasada. Exceptuando sus originales o estrenos exclusivos, donde una vez más están a la cabeza. Sus títulos suelen estar cargados de un humor muy personal, sarcástico y negro, con personajes corrientes que se salen de una rutina que les tenía apresados, el viaje del héroe de toda la vida rociado con el –también absurdo y bufonesco– humor marca Netflix. Es el caso de títulos como "Lago Shimmer" (Oren Uziel, 2017) o "Ya no me siento a gusto en este mundo" (Macon Blair, 2017), esta última un despotrique cinematográfico brutal que recuerda al Schrader más brutal de "Como perros salvajes" (2016) unido a cierta comedia indie. Pequeñas joyas de Netflix en definitiva.

Elijah Wood y Melanie Lynskey "ya no se sienten a gusto en este mundo"

El cartel no hace al monje
Ese rastro de humor salvaje también conduce a algunas de sus series como "Santa Clarita Diet" (Victor Fresco, 2017) o la recientemente estrenada "G.L.O.W." (Liz Flahive y Carly Mensch, 2017), algunas más exageradas que otras. La crítica, el sarcasmo y la sátira siguen siendo su seña de identidad en sus grandes apuestas como "Máquina de guerra" (David Michôd, 2017), superproducciones que cuentan con rostros como el de Brad Pitt, o el de Tilda Swinton y Jake Gyllenhaal en el caso de "Okja" (Bong Joon-ho, 2017). Esta última se ha convertido en un fenómeno dentro de la plataforma, el prestigioso director surcoreano estrenaba así su película dando la seña autoral que desde hace tiempo se buscaba en Netflix y que terminará por conformarse con el estreno de "The Irishman" de Scorsese, todo un desplante a Cannes y las salas de cine. Aunque pienso, ¿que se estrene en una plataforma digital no tiene porqué quitar el film de las salas? La propia "Okja" tiene un alma de sala, grandes efectos especiales y una gran producción que le ha llevado a estrenarse en varios cines mundiales, que Netflix participe en una producción no tiene porqué ser el fin de la sala, que supone un ritual histórico mucho más profundo que la exclusividad de ver una película en casa. Pero Netflix tiene también un lado serie, digo serio, otras originales como "Stranger Things" (The Duffer Brothers, 2016), "Narcos" (Chris Brancato, Carlo Bernard y Doug Miro, 2015) o la reciente "13 Reasons Why" (Tom McCarthy, 2017), convertidas en auténticos éxitos virales, con cientos de admiradores que bien se merecen este producto que llega a extremos realmente cinematográficos, todas ellas tienen confirmada un temporada más.

Pero el cartel si hace al narco

Hasta aquí he citado algunos de los títulos más íntimos y personales de la plataforma, y si ya empiezan a sentir el cólico les aconsejo que dejen de leer en este punto. El enorme catálogo sigue sumando y a todo ello se unen por encima dos series originales que han ido creciendo hasta puntos desorbitados, hasta convertirse en títulos magnánimos del mundo de la serie. "House of Cards" (Beau Willimon, 2013-actualidad) y "Orange is the new black"(Jenji Kohan, 2013-actualidad" son dos obras excepcionales y los pilares fundamentales sobre los que se sostiene el gran poder de Netflix, además de ser los primeros en hacernos a sufrir los cólicos netflíxicos. La grandeza de esta plataforma está también en su facilidad para coger grandes títulos que han cobrado gran relevancia, así, sin ser de Netflix, podemos disfrutar en su catálogo de títulos como "Homeland" (Alex Gansa y Howard Gordon, 2011-actualidad) o "Vikingos" (Michael Hirst, 2013-actulidad). Todo ello ha llevado a enormes empachos producidos por el desmedido materia audiovisual, que nos somete a una tortura al estilo de la de "La naranja mecánica" (Stanley Kubrick, 1971), solo que permitida y provocada por nosotros mismos. Tras sufrir varios cólicos el próximo paso es el derrame netflíxico, por el que nuestro cerebro es capaz de consumir todo tipo de material audiovisual sin importar tiempo, calidad, ni imagen. Sobre el material español la plaga ha comenzado a extenderse poco a poco, "7 años" (Roger Gual, 2016) se convirtió en la primera película española con producción de Netflix, prácticamente una obra teatral —algo aburrida— rodada, y "La chicas del cable" (Ramón Campos y Teresa Fernández-Valdés, 2017) la primera serie estrenada a nivel mundial que apostaba por la ficción española de estilismos viejunos e historias de amor repetitivas, que sin embargo engancha de una forma increíble. No se pierdan a Concha Velasco doblada al inglés. Les felicito si han llegado hasta aquí, lo cierto es que yo dejé el piloto automático hace dos párrafos y estoy viendo una serie.

Las chicas del cable buscando señal para ver Netflix

domingo, 9 de julio de 2017

Wonder Woman bajo la influencia

El feminismo es una moda, no diría que pasajera, probablemente sea como los vaqueros, el tipo de pantalones más revalorizados de la historia de la moda. Así como los jeans explotaron comercialmente con esa imponente imagen de Claudia Schiffer como Guess Girl de los noventa, el feminismo está experimentando un boom que va más allá de las desagradables diapositivas que nos vienen a la cabeza al oír esa palabra. Esas activistas de Femen teñidas de pintura roja empeñadas en lucir sus senos ante cardenales ruborizados y políticos aburridos de leer el Interviú. En estos últimos años nos han acribillado con imágenes de mal gusto o difíciles de ver, algunas incluso necesarias y brillantemente reivindicativas como el film "Te doy mis ojos" (Icíar Bollaín, 2003), pero muchas de ellas absurdas, las que hoy ya han quedado completamente olvidadas. Gal Gadot es la nueva Claudia Schiffer en ese sentido, y abre paso a un feminismo escrito con buena letra, agradable de mirar y fácil de comprender. Otra cosa es que "Wonder Woman" (Patty Jenkins, 2017) no me haya gustado más que en sus fantasías y aproximaciones a la viñeta, ese duelo final que todo superhéroe merece y que aquí se produce nada y más y nada menos que contra el dios Ares. El problema es básicamente de guión, un libreto que viene de la mano de un hombre (Allan Heinberg) bien curtido tanto en series con poderosas féminas como "Sexo en Nueva York" (1998-2004) o "Anatomía de Grey" (2005-actualidad), como en el cómic donde destaca su creación de los "Jóvenes Vengadores" para Marvel. Sin embargo Heinberg parece haberse dejado guiar demasiado por la moda y las tendencias, alejándose de la Wonder Woman de "Batman v. Superman: El amanecer de la Justicia" (Zack Snyder, 2016), mucho más guerrera y avispada que esa joven despistada, cómica y apoderada de un feminismo de manual con frases como: "Es necesario un hombre para procrear, pero no para el placer" o similares.

Claudia Schiffer luciendo los vaqueros de Guess

Patty Jenkins afronta la dirección de un blockbuster que ha respondido como tal en taquilla, pero que nos ha dejado bastante igual, cumpliendo su requisito de tentempié hasta la llegada de la esperada "Liga de la Justicia" de Snyder y Whedon, anunciada para este noviembre. Parece ser que el éxito de "Wonder Woman" ha sido mayor del esperado —lo que deja mucho que desear de esos ambiciosos productores de Hollywood— y no terminó de comprender porqué. La historia se pierde entre tramas, demasiado que afrontar para unas largas dos horas y pico de metraje, una mujer que descubre un mundo nuevo, paralelismos con la mitología griega, la Primera Guerra Mundial, rollete amoroso —parece mentira, con lo "feministas" que estábamos hasta aquí— y una subhistoria con una villana que produce gases tóxicos, interpretada por la española Elena Anaya, que no tiene lugar para lucirse, aunque tampoco es que alguien lo haga en esta película. Las cintas de superhéroes son el reflejo de una sociedad y que estos vistan hoy uniformes tan oscuros y ceñidos nos hacen olvidar aquella época saturada de colores vivos, la de Christopher Reeve y Lynda Carter. Hollywood se apunta a la nueva corriente de la Mode Femme y se hace un lío, por muchas ganas que se vean en la dirección de Jenkins. Simplista y aburrida en la mayor parte del metraje, sobre todo en la acción interminable de Themyscira, "Wonder Woman" ha logrado su objetivo, superar a "Catwoman" (Pitof, 2004) y "Elektra" (Rib Bowman, 2005) y dejarnos con una ganas inmensas del film en solitario de Harley Quinn. Antes hablábamos de esa Gadot-Schiffer pues en breve nos enfrentaremos a decenas de películas de superheroínas protagonistas, pronto veremos a Brie Larson como "Captain Marvel", una posible Haley Bennett como una nueva Catwoman y por supuesto a la insuperable Margot Robbie como la señora del Joker.