domingo, 11 de enero de 2015

Venus surgió de la Fontana di Trevi

La imagen de Anita Ekberg bañándose en la Fontana di Trevi, con un gato blanco, y provocando a Marcello Mastroianni, que no tardaba en aparecer con el vaso de leche para complacer a la rubia más provocativa de séptimo arte. Unos fotogramas que pueden convertirse de un momento a otro en "El nacimiento de Venus" de Sandro Botticelli, pero que se han convertido en historia viva del cine gracias a Federico Fellini, ya que a estas alturas ya habrán comprendido que estamos hablando de "La Dolce Vita" (Fellini, 1960). Hoy ha fallecido a los 83 años la gran rubia que desafió las leyes de la física sobre las aguas de la italiana Fontana di Trevi, hoy debemos despedir a Anita Ekberg. Si José Luis López Vázquez y Alfredo Landa estuvieron siempre de acuerdo en la belleza nórdica, persiguiéndolas en la ficción a grito de: "¡Cómo están las suecas!", Ekberg llegó a ser Miss Suecia en 1950. Su gran atractivo físico le ofreció su primeros pequeños papeles en cine, hasta que King Vidor combinó dos bellezas europeas (la belga de Audrey Hepburn y la sueca de Anita Ekberg) en una cinta ambientada en Rusia, la superproducción, "Guerra y Paz". Desde ese momento Anita comenzaría una dura subida al éxito, llegó a volver locos a Dean Martin y Jerry Lewis, y Federico Fellini escribió varios papeles para ella aunque solo trabajaron juntos para cine en dos ocasiones.


Su arrebatante cuerpo hizo que protagonizase a partir de su estrellato, una series de películas que acabaron con su "carrera seria", títulos como  "Lo que el sexo se llevó" (Massimo Mida, 1964) o "Malenka, la sobrina del vampiro" (Amando de Ossorio, 1969) los que protagonizaron su decadencia, películas más interesadas en mostrarla a ella que en formar un buen diálogo... No sería de extrañar que en los próximos meses se publicasen unas reveladoras memorias que la actriz preparaba desde hace años. Recuerdo un precioso homenaje que se le dedicó a la actriz y a "La Dolce Vita", es en "Elsa & Fred" (Marcos Carbevale, 2005), donde China Zorrilla engaña con su mentira compulsiva a un hipocondríaco Manuel Alexandre con una fotografía de la actriz. Pequeños detalles que han mantenido viva su memoria, el alma de la rubia que se bañó en una fuente pública, el alma de Anita Ekberg que hoy descansa por siempre.

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