lunes, 29 de mayo de 2017

Patricio llama a Gabriel


DE CHARLA CON EL ILUSTRÍSIMO SEÑOR…
DON GABRIEL AUGUSTO CHATEAUBRIAND (DUQUE DE SALMOREJO)

Don Jaime de Mora y Aragón
Hoy en día da gusto encontrar una ocasión donde hacer buen uso del título de uno, las celebraciones de sociedad no son ni las migajas de lo que eran. Mientras los de siempre tratamos de sobrevivir de canapé en canapé, los nuevos “socialdemócratas” (comunistas con otro collar, que diría mi excelentísima abuela) se alían con los jóvenes herederos de los enriquecidos socialistas del pelotazo para pimplarse los Gyn-Tonics que nos corresponden por legitimidad. Como decía, el concepto del honor, la aristocracia y la licitud distan mucho de nuestro presente. Ese “savoir faire” que ya pronosticó aquel personaje interpretado por Rafael Alonso en “La escopeta nacional”–la mejor película sobre el fin de la memoria y las buenas formas– a quien Berlanga y Azcona bautizaron como Cerrillo. Los que empezaron riéndose del Marqués de Leguineche, creyendo que era fácil, comenzaron con la compra de títulos (hoy ya no sabe uno de quién fiarse) y terminaron por convertirnos a los auténticos aristócratas en parias. Grandes de España como Ágatha Ruiz de la Prada se escudan tras corazones, estrellas y demás estampados llamativos. El marqués de Griñón se ve obligado a inscribirse como pareja de hecho con su amante de turno para ser portada del “Hola” –¡válgame el cielo!– si hasta sacaron del armario a la Duquesa Roja. En una de mis últimas comidas con la condesa de Montarco comentamos que al final el título sólo iba a servirnos para ilustrar nuestra esquela, ¡cuánta razón tenías querida Charo! Claro que ahora, con eso de que la sociedad nos ve como piezas de museo (otra predicción berlanguiana) nos dedican una página de “obituarios” con la que nuestros vástagos se pueden ahorrar esos gastos póstumos que hasta resultan impropios de un título.

Por suerte, antes de que mi Marquesado de Carabás embellezca esas perniciosas páginas, he tenido la fortuna de encontrarme con un “camarada” (como dirían los rojos) de pasta de té. Descubrir los audios de “Gabriel llama a Cosme” en YouTube me abrió los ojos, alguien estaba dando luz a todos estos problemas que nos suceden a la gente bien en el día a día. Lo más probable es que nos hubiéramos conocido “en fiestas altísimas”, como él mismo recuerda, pero nuestra presentación oficial no ocurrió hasta hace unas pocas semanas. Nos citamos en el Embassy de Potosí y descubrimos que no es más que un “take away”, cuál sería mi sorpresa al encontrarme allí con Don Gabriel Augusto Chateaubriand, Duque de Salmorejo, un hombre de los de antes, dispuesto a poner voz a nuestra situación. Tal fue el mutuo asombro que nos decidimos por concederles la entrevista que se reproduce a continuación.

"Novio a la vista" (Luis García Berlanga, 1953)

Marqués de Carabás: Buenas tardes Gabriel, ante todo un placer conocerle…
Duque de Salmorejo: El placer es mío, pero antes de nada, trátame de “tú”, amigo, porque somos de la misma cuerda, de familia bien y es un placer tomarme esto contigo… que por cierto, no hemos podido ir a Embassy, cuéntalo en la entrevista, porque no hay sillas ni mesas, es un Embassy para llevar. Uno lo cierran y el otro lo hacen moderno…en fin, un horror.

M.C: Es terrible sí… oye, cuéntame en qué momento decides darnos voz con tus audios…
D.S: Hemos acabado en un bar que es un sitio de servilleta de papel de esta… [señalando en el servilletero] ¡Fíjate, con publicidad de TriNaranjus! ¡Un horror! Pero bueno, déjame que me centre en lo que me estabas preguntando… Yo soy amigo de Cosme de toda la vida antigua del colegio y de pronto, un día cualquiera, me llama un amigo: “Oye Gabriel, qué gracioso el mensaje que le has dejado a Cosme en el contestador” Le digo: “¿Perdona?” Claro, yo me quedé asombrado al ver que nuestras llamadas son públicas… Se conoce que Cosme, como es un golfo y se pasa el día con negocios de pacotilla, se cambió a una de esas compañías low cost y la gente oye nuestras llamadas. Yo no tenía ni idea, y de ahí se hicieron virales y se perdió la intimidad. ¿Qué te parece?

M.C: Me dejas a cuadros. Pero entonces, Cosme te responde también…
D.S: Bueno, Cosme me llama de higos a brevas, de cada diez llamadas que le hago yo, él me devuelve una, porque es un pájaro y se pasa el día por ahí de viaje. No tiene el concepto de la amistad de gente fina como nosotros Patricio.

M.C: ¿Y Dolo? ¿Qué opina de esta fama que has cogido con los chismes de Cosme?
D.S: ¡Uy, Dolo! No me hables. Llevo tres días sin verla, se ha apuntado a un curso de yoga intensivo con las amigas esas que tiene, que son todas unas arpías. [Toma un carácter sarcástico] Luego se va a un retiro que dice que es “espiritual”, de espiritual nada… Me la cruzo por el pasillo pero hacemos vida completamente distinta. Creo que tiene envidia de que se hayan hecho virales nuestras llamadas, porque ella siempre ha sido muy envidiosa, ¿sabes?

M.C: Yo quería comentarte, porque estuve el otro día en un concierto de “Taburete”, fui porque me invitaron, ya sabes que si no yo no me meto ni loco con tanta chusma… estaba lleno de todos los hijos de los socialistas del pelotazo, con el jersey cruzado, la camisa por fuera… ¿qué sabes de esta gente?
D.S: Como sabes tengo dos hijos, Bosco y Pelayo, y ya por Navidad me han pedido que les regale una flauta y una guitarra. Estoy asustadísimo de que me monten un grupo de Rock and Roll o peor, de electrolatino con las mulatas refrotándose ahí en el videoclip… Porque ya sabes que yo le doy a la pieza clásica, pero no sé quiénes son los “tampurete” estos, aunque estoy encantado de ir a un concierto… ¡Eso sí! Siempre que sea de gente fina y de aristocracia como nosotros. ¡Avísame!

M.C: Es verdad, que pudimos disfrutar de su pieza “¿Cosme? Soy Gabriel”. ¿De dónde le vino este gusto, por otra parte tan popular, por la rumbita y la canción?
D.S: Fíjate, toda la vida mi abuela y tía Fifí montaron cantatas en casa, eran reuniones aristocráticas de gente altísima con dotes artísticas. Ellas hacían rancheras… cosas finas, y yo desde pequeño tuve una vena folklórica. Claro, imagínate, en casa teníamos clase de música, clase de guitarra… Y un oído fino y formado como el mío, que ha estado tanto en pieza clásica y en ópera como en orquesta… Me junté un día con unos amigos, y tengo que decir que es verdad que unas copitas ayudan a salir al escenario, y estaba hecho. Ya cuando se hicieron famosas las llamadas de “Gabriel llama a Cosme”, me lancé con la rumbita, luego hice el villancico electoral… y lo que vendrá, Patricio, y lo que vendrá. (Pinche para oír la canción)

M.C: Ya que decías que estábamos en este sitio cerca de Embassy, que por lo menos se nota que estamos cerca… Primero Príncipe de Viana, Balmoral y ahora Embassy. ¿Cómo va a acabar esto?
D.S: No lo sé… Estoy horrorizado… Fíjate que tenemos un localcito monísimo, que no sé si tendrá licencia comercial (porque ya sabes que de esto se ocupa la gestoría de papá), en Barrio Salamanca, y ya me han dicho amigos que monte algo. Si me decidiera, sólo hay un nombre que le podría poner a mi bar: “Los de toda la vida”, como ya llamé a mi partido político, que no triunfó… una lástima porque hubiéramos sido magníficos. Yo creo que desde que se ha metido el populacho en esto del poder, el de la coleta, la Carmena… todos estos que ya no sé ni como llamarlos, nos están cerrando los lugares de alcurnia y de finura de toda la vida. Qué te voy a decir, estoy preocupadísimo.


M.C: Ese partido tuyo sería por fin al menos de derechas en condiciones, o al menos de gente de título… Porque iba bajando el otro día por Alberto Aguilera (en taxi, no te confundas) y me encontré a la Cifuentes… ¡con unas pintas que ríete tú de Carmena!
D.S: Mira Patricio, yo con la política española cada día me sorprendo más… Te hablo de lo que he mamado en casa: soy una persona que ha nacido en buena familia, con fincas, con servicio… y cosas de ir por la calle y ver a la gente con chancla, con el movimiento 15M y cosas raras… La verdad qué no sé qué problema hay, lo que hay que hacer es trabajar, estar en el candelero y que España salga de esta crisis que nos metió Zapatero y no nos saca nadie. La verdad, que yo lo veo todo fatal, el que no ha metido la mano en la caja, la ha metido en otro lado… En fin, chico, si me hubieran dejado con mi partido esto iría mucho mejor.

M.C: Claro, porque tú… ¿en qué trabajas?
D.S: ¿Qué en qué trabajo? Qué curioso oye... Es una pregunta que viniendo de ti la entiendo y no me importa contestarte, hay veces que en círculos me la hacen un poco para importunarme, pero no lo consiguen… Yo soy Terrateniente, qué chollo, dirás tú… Pues mira, trabajo bastante porque estoy todo el día en la gestoría firmando temas de tierras… Quedamos pocos, estamos todo el día ocupados con las monterías, las fincas y temas nobiliarios, que te reirás pero llevan muchísimo trabajo social y de relación aristocrática. Y luego, desde que el servicio libra tantos días los fines de semana, hago mucho de padre con los granujillas, Bosco y Pelayo. En resumen, soy terrateniente, noble por supuestísimo y padre de familia, que es mi labor más “progre” por así decirlo.

M.C: Te entiendo perfectamente… Una de las preocupaciones que tenemos es cómo va a terminar todo esto de la aristocracia… Ya el anarquista aquel de Berlanga hizo “Patrimonio Nacional” poniéndonos como piezas de museo…
D.S: La conozco amigo, la conozco. Reconozco que me ha llamado la gestoría alguna vez, por todo esto de renovar los títulos y alguna cosa rara… y te digo que aunque un día me quiten el ducado yo siempre seré Duque a ojos de mis círculos y amistades íntimas.


M.C: [Salto horrorizado por la noticia] ¡Cómo te van a quitar el ducado!
D.S: [Todavía nervioso] No lo sé, no lo sé pero me preocupa que me lo quiten, como a ti y de verdad, como pase algo de esto pienso poner una denuncia o algo a la Policía Nacional porque eso es un hurto flagrante y un atentado al honor y la intimidad de las personas, como el día que tuve que dar mi segundo apellido para hacerme el dichoso DNI… Dolo, que me mete en cada lío. (Pinche para oír la historia)

M.C: Bueno, estuve el otro día en el funeral de mi tía, la turquesa de la Rochelambert…ya sabes que patrocinó todo un barrio en Sevilla.

D.S: De altísima cuna, siempre se van las mejores…No pude ir porque estaba en Gales en una cacería del zorro, que ya quedan pocas. Era íntima de mamá, pescaban salmones en Noruega juntas. Oye, cómo nos trataba en la feria de Sevilla… ¡qué gozada! Tenía quince casetas, y nos daba platos de Jabugo… pero de los que pesan, no de esos con laminitas para adornar el plato. (Pinche para oír la historia)

M.C: Andaba Espe por allí, me comentó que iba a dimitir, y luego fue y dimitió… Mataron a Rita, porque la mataron, ahora Espe sale con estas, la duquesa de Alba hace unos años, la Chacón para meter a un socialistas y que no sospechemos, pero esto es un complot.
D.S: Mira, al final la gente se aprovecha de la gente buena y de la gente fina. Entonces, lo que te decía amigo, hay muchos que por llevarse unos euros a la tumba, se ciegan y la ambición, les pierde… y queda gente finísima y honradísima, que al final sale escaldada. Yo ahora tengo miedo de que mis sueños con la Carmena terminen por hacerse realidad… (Pinche para oír la historia)
Te voy a decir una cosa, yo creo que terminaríamos haciéndonos amigos, Carmena y yo, porque ella al final no es mala, lo que pasa es que ha tenido esta aventurilla en el ayuntamiento e improvisa mucho… Que si recoger las basuras del botellón, que si prohibir circular a los coches avisando la noche antes… claro, en un ayuntamiento como el de Madrid se pone a improvisar todo lo que quieras… ¿A ti qué te parece?

M.C: A mí la señora Carmena me parece una viejecita adorable, y creo que lo mejor que le puede pasar es, como a Tierno-Galván, morir en el cargo, que sería lo más honroso… Hombre, no creo que la llevasen en coche de caballos como a aquel, pero en un Ford Fiesta seguro. Recuerda que es esta gente la que está detrás de la desaparición del billete de 500 euros.
D.S: Algo he oído, aunque si te soy sincero, a mi eso no me afecta mucho, porque yo no manejo dinero con las manos… En Mallorca me fían y luego va el servicio a pagar la cuenta a final de mes, como toda la vida.

M.C: Cuéntame Gabriel, ¿qué es lo más surrealista que te ha podido pasar?
D.S: Pues chico, ya se lo conté a Cosme, y se ha enterado un montón de gente, el famoso día que fui a hacerme el DNI fue dantesco, que “no se podían inscribir títulos nobiliarios”… Ahora que hace calor, me acuerdo de la aventurilla del día que fuimos a Aquopolis... (Pinche para oír la historia)
Pero a mi es que me pasan cosas todos los días…

M.C: ¿Cómo es tú relación con la monarquía y con la Familia Real?
D.S: Pues mira, magnífica. Creo que hemos tenido una tremenda suerte con los reyes, y tenemos ahora un rey, Don Felipe, que me parece un fenómeno. No sé si has leído las encuestas que dicen que ahora el español medio confía mucho más en la monarquía que hace unos años.

El elenco de "Arriba y abajo" (Jean Marsh y Eileen Atkins, 1971-1975)

M.C: No me extrañaría nada, porque esta gente es muy de encuestas. Como esa que hicieron los periódicos ingleses de Gibraltar, para ti, ¿a quién pertenece el peñón?
D.S: He estado muchas veces porque lo que es la roca era de una tía mía, pero se conoce que en la guerra de Gibraltar, no sé cómo lo hicieron, pero perdieron… ¡Un horror! Yo he pasado allí veranos alimentando a los monos, cuando eran pequeños, ahora creo que son peligrosísimos, si te oyen hablar español se tiran a morderte la mano. Se pongan como se pongan, eso tiene que ser español.

M.C: Lo mismo viene por aquí la moda de los nombres de Jonathan, Jennifer, etcétera para niños españoles.
D.S: Yo la verdad, estos nombres me parecen bien para gente inglesa y americana porque son nombres propios de allí. Lo que no entiendo es la moda que hubo, yo creo que fue culpa de Kevin Costner, de ponerle a los españoles nombres de estos. Tú figúrate que un inglés se llamase Paco o Alfonso McCarthy… Chico, con los nombres tan bonitos que tenemos en castellano… Tú fíjate, Godofredo, Bosco, Pelayo, Gabriel… Tenemos nombres magníficos por lo que no hace falta irnos a experimentos que quedan muy horteras, a la postre.

M.C: No te has traído a Klaus, pero ¿eres de los que recoge las cacas?
D.S: Lo tengo en casa malito, está resfriado. Sabes que está el tiempo loco, por eso me he venido con esta chaqueta finísima de lino, dilo en la entrevista… Por eso estoy un poco tristón, si me lo notas… Con lo de las cacas me tocas un tema sensible, si me está mirando la gente sí… o por lo menos hago el amago, sino la dejo ahí porque las cacas de Klaus son el mejor abono para el Retiro, ten en cuenta que son cacas de alcurnia porque es nieto de Lassie. (Pinche para oír la historia)

M.C: Completamente de acuerdo, yo no entiendo esas posturas de los verdes por andar detrás de causas perdidas…
D.S: Creo que hay bastante gente aburrida. Acabo de estar en una cacería altísima , con mi amigo Godofredo Torcaz, Conde de Picapleito, cazando muflones y de pronto me aparecieron unos señores con banderas, pensé que era un muflón porque iba sin las gafas, y casi le tiro a uno de ellos… Y eran los de Greenpeace, que no se podían  matar muflones… Porque yo al final me hago amigo de todo el mundo y les invitamos a una migas, pero casi nos arruinan la cacería.

M.C: Yo no sé si tienes el mismo problema… Yo que soy de veranear en San Sebastián…
D.S: ¡Oh, qué gozada!

M.C: Sí, pero la cantidad de extranjeros que empieza a haber en estas ciudades…
D.S: Ahí te tengo que decir que últimamente que se ve con las tiendas de los chinos, yo cuando voy a buscar una mercería española no encuentro… Han proliferado estas tiendas, bazares, de una forma horrorosa. Tienes toda la razón, cada vez es más difícil encontrar un castellano puro. Desde que se abrieron las fronteras, que no fue si fue ya en la época de Aznar o de González, no hay gente fina española de padre y madre.

M.C: Claro, a mí desde pequeñito me habían hablado, en el norte, de la marea negra y oye, no la había visto hasta hace unos años… ¿Crees que nos vino bien eso de entrar en la U.E. o vale más marcharnos como los ingleses?
D.S: Yo me llevo con toda la aristocracia europea fenomenal, porque ten en cuenta que tía Fifí tiene castillo cerca del Loira y toda mi familia ha tenido mucha relación desde los zares de Rusia. Los ingleses yo creo que se han equivocado, ellos se creen la bomba, y tienen muchas cosas buenas como el té que me estoy tomando ahora mismo [clava bien la taza en la mesa], pero de ahí a irse de la Unión Europea, no creo que haga falta exagerar tanto…

Amor entre criados en "Lo que queda del día" (James Ivory, 1993)

M.C: Yo veraneo en San Sebastián, alquilamos château en el sur de Francia… No sé si estás muy atento a la actualidad de allí…
D.S: Si te digo la verdad no estoy muy puesto, desde los atentados esos horribles que hubo estoy intentando evitar París.

M.C: Yo al revés, ya sabes que la aristocracia estamos de capa caída y cualquier cosa que rebaje los precios de estancia me viene bien… Estoy pendiente de que me pongan uno en Nueva York…¿Qué te parece Trump?
D.S: A mí lo de los precios de vuelos no me preocupa, porque me lo lleva todo la gestoría, además el dinero, como es de Dolo…
Trump me parece gracioso pero peligroso, fíjate qué pelo lleva, parece la oveja Dolly pero es un poco temerario e impredecible. De este solo me habla Cosme, porque tiene negocios allí con mexicanos y si levantan el muro, van a tener que pasarse la mercancía con catapultas. (Pinche para oír la historia)

M.C: Ah… porque Dolo es también de buena familia.
D.S: Entre tú y yo, y qué no me oiga… Esto no lo publiques, pero yo me casé con Dolo un poco por patrimonio, aunque hubo que renunciar a estirpe. Esto te lo estoy confesando a ti que me estás cayendo bien, pero ella no lo debe saber nunca. No es de tan buena familia como yo, pero taco gordo tiene un rato.

Celia Imrie en "La niñera mágica" (Kirk Jones, 2006)

M.C: Si por algo se conoce al Marquesado de Carabás es por su discreción… Todo esto viene de la moral del esclavo de Nietzsche, los burgueses que treparon, ponían el dinero y la nobleza el título… No te avergüences…
D.S: Absolutamente amigo… Creo que tanto tú como yo tenemos un ojo entrenado para eso, y cuando pasas veladas en Embassy, qué en paz descanse, o en algún otro salón de té fino y ves a una señora que es de buena familia y a otra que lo intenta ser… se las ve a la legua. En el detalle, el zapato, en la forma de expresarse… el tipo de arruga que se nota si es de salón o de campo.

M.C: ¿Desde cuándo se conocen Gabriel y Cosme?
D.S: Compañeros de colegio, me copiaba todos los exámenes, ha sido un golfo toda la vida… En mi época había dos o tres colegios finos para ir, y no sé porqué fue Cosme, pero yo fui porque era el colegio que a mamá más le gustaba…y claro, los directores de entonces se mataban porque los nobles estudiáramos allí, ahora todo es distinto.

M.C: Yo que me declaro gran partícipe de nuestra monarquía, y me llevo fenomenal con el rey, tanto con el actual como con el emérito… No puede ser lo de los catalanes.
D.S: ¡Uy, qué horror! Si vieras lo harto que acabé de Artur Mas. Menos mal que ya no le tengo que ver la cara, aunque el que le ha sustituido tampoco se queda corto. Cuando voy por ahí, a la Costa Brava, la mayoría de mis amigos no se quieren independizar… Deben de ser cuatro o cinco gatos que hacen mucho ruido pero creo que esto no va a ningún lado, así que puedes estar tranquilo, Patricio.

Geoffrey Rush en "El discurso del rey" (Tom Hooper, 2010)

M.C: Tienes razón, siempre se dan las manos y hacen unas colas que nunca llegan a ninguna parte… Bueno Gabriel, no te quito mas tiempo que estarás liadísimo, pero antes de nada, una pregunta urgente, ¿tú cómo haces para encontrar una sastrería buena por aquí?
D.S: Mira eso se lo tengo que agradecer a papá. Mi padre fue un visionario toda la vida, y antes de que desaparecieran las sastrerías le hizo una oferta a nuestro sastre, a Damián, que no pudo rechazar… y le tenemos en nómina. El pobre hay semanas, que las pasa viendo la tele en el office con el chofer que es un caradura, pero siempre que le necesitamos, ahí está.

Nos despedíamos así aquella fantástica tarde con olor a sándwich de pollo y a otra época que siempre fue mejor. Seguimos en contacto y descubro gustos comunes, como nuestro amor por la ya desaparecida publicación de “La moda de España”, me dice que le encanta “revisar todas las revistas antiguas”. Hablamos también de nuestra pasión por “Downton Abbey”, de la que llegamos al acuerdo de que sólo pueden hacerla los ingleses, qué alcurnia implícita llevan. Recientemente me habla de su nueva faceta amenizando fiestas, de amigos que le piden que les grabe audios para las fiestas de sus hijos. Por lo que les invito a todos ustedes a que tengan su propio audio personalizado enviando sus señas al siguiente mail: "gabrielllamaacosme@gmail.com". Me quedo pues guardando mi preciado título, y buscando el momento de lucirlo como en esta amena velada. Espero que hayan disfrutado dándose una vuelta por la alta alcurnia, pues esto será lo más cerca que muchos de ustedes podrán estar de ella. Saludos varios.

Patricio Alvargonzález Royo-Villanova, Marqués de Carabás.

Maggie Smith y Shirley MacLaine en "Downton Abbey"

domingo, 21 de mayo de 2017

Cuéntame por qué pasó

La semana pasada, la muerte de Miguel Alcántara en "Cuéntame cómo pasó" (creada por Miguel Ángel Bernardeau, 2001-actualidad) conmocionó a todos los televidentes de la ficción española. Cuando me enteré de que el personaje de Juan Echanove en nuestra serie más longeva iba a desaparecer los nervios empezaron a dominarme, estábamos acostumbrados a que parte de los personajes principales fueran muriendo de forma indiscriminada en series como "Los Soprano" (David Chase, 1999-2007) o "The Walking Dead" (Frank Darabont, 2010-actualidad). Sin embargo, los Alcántara se habían convertido en un reflejo de nosotros mismos, verles cada jueves es compartir una noche en familia, por lo que el adiós de Miguelón ha significado lágrimas y tragedias que han impuesto sobre nosotros el luto televisivo definitivo. Las excusas que la productora de la serie ha soltado respaldada por el equipo de guionistas vienen a justificarse en un "rejuvenecimiento de la historia", por lo que explicarían también el adiós de Pili (Lluvia Rojo) la semana anterior. Incluso conociendo lo que iba a ocurrir en el capítulo, llegado el momento mi corazón se rompió en mil pedazos, comencé a llorar desconsoladamente, en parte por el cariño que le tengo al actor que lo interpreta y en parte por su magnífica interpretación, esos ojos gélidos que permanecen abiertos hasta que finalmente parecen perder su último reflejo de vida. Acciones que se toman por los propios intereses de algunos y que terminan por acabar con el corazón de sus espectadores más aventajados.


Miguel Alcántara Barbadillo nació con la serie para marcharse después durante algunas temporadas a su adorada Francia, volvería por fin al final de la séptima temporada para quedarse y ganarse a su gente. Parece mentira que un comunista terminase por convertirse en el personaje más querido de la serie, pero aquel taxista del Atlético de Madrid era mucho más, su campechanía, su risa, su manera de llevar el Bistrot a base de bocadillos, sus gritos y sus fueras de sí e incluso su reciente incursión en el mundo del dinero junto a Paquita nos hicieron comprenderle y quererle para siempre. Estaba ahí desde los buenos tiempos, los de Fernán-Gómez y Tony Leblanc, junto a su hermano en la ficción (Imanol Arias) forjó una de las parejas televisivas más fuertes de la pequeña pantalla, algo propio de Echanove ya que se había ganado al público español junto a José Coronado en "Hermanos de leche" (Pablo Ibáñez y Carlos Serrano, 1994-1996). El mismo público que había disfrutado del duelo interpretativo Arias-Echanove en películas como "Tiempo de silencio" (Vicente Aranda, 1986) o "La flor de mi secreto" (Pedro Almodóvar, 1995) tuvo a esta pareja de amigos al frente de la ficción española más importante de todos los tiempos, una pareja que hoy se rompe entre las polémicas que desde hace año embriagan el aura de "Cuéntame cómo pasó", desde la Inés de ida y vuelta a los papeles panameños. Sólo espero que la salida de Echanove implique que volvamos a verle en nuestras salas, ya que prácticamente todos los actores que se han destinado como fijos a la serie han desparecido del plantel cinematográfico. Nos cuentan que pasó por rejuvenecer la serie, yo seguiré declarándome como mayor fan de la serie mientras no me toquen a doña Herminia.

domingo, 14 de mayo de 2017

"Amar" en 2017

Pocas películas han reflejado una relación sentimental del siglo XXI como "Amar" (Esteban Crespo, 2017), desde la completa falta de inocencia (aquella fantasía inestimable que ya solo parece residir en las comedias románticas) a la profunda y rabiosa desesperación de la ruptura, esta sí, algo excesiva en el metraje, lo que no hace más que aportar el sentido trágico del drama, un recurso casi teatral que nos recuerda que estamos ante un elemento de ficción, una obra creada, no un documental ni nada que se le parezca. "Amar" es entrega absoluta, una historia que rebosa luz desde su primera —y desconcertante— escena, y que se apaga ante un destino que se muestra irremediable desde el primer momento, quizás ese sea su mayor punto de desagrado hacia el público, la destrucción de la esperanza desde prácticamente el primer fotograma. Esteban Crespo levanta este proyecto tras su nominación al Oscar al Mejor Cortometraje por "Aquel no era yo" (2012), aunque nazca a partir del cortometraje que escribió junto a Juan Carlos Carmona con el mismo título, "Amar" (2005), que no es  otro que el comienzo del largometraje que ahora se estrena en salas, cambian algunas determinaciones y actitudes pero el resultado termina por ser el mismo, un punto de partida unificador que marcará el profundo sentimiento de dolor que se irá desmenuzando sobre el resto de la película. La juventud, la inmadurez o el propio juego de acercarse a la madurez son el bonito esqueleto que construye esta relación de una pasión tan intensa como fugaz.

De verdad, excentricidades a parte, es una buena película.

El relato es clarificador, una historia clásica que juega con los sentimientos y con las (malas) decisiones, Esteban Crespo se alía con su director de foto, Ángel Amorós, para clavar esa imagen limpia y juvenil, de lo que acabará por tornarse en sórdido y desesperanzador tan solo con unos tonos de diferencia. La relación central del film es tan fuerte que hasta entorpecen las "aburridas" y complicadas relaciones de adultos, aunque como espectadores no tenga precio esa divertida —por no decir traumática y de esquivez hacia la historia— escena con Natalia Tena y Nacho Fresneda actuando como padres que son, poniendo a la vez la dosis de veteranía interpretativa y anteponiéndose así a tanta hormona liberada. A partir de ese momento la historia comienza una pendiente hacia lo épico que casi nos desencaja, las fiestas, el autobús, la fuga del tanatorio y esa cumbre con nombre de capítulo —irreverente— de una novela de Pérez-Reverte: "La cama del rey". De aquí pueden partir algunas críticas que he leído en las que se hablaba de "falta de decisión", "momentos de exceso" y "desequilibrada", completamente de acuerdo con estos críticos que no han hecho más que definir lo que es una relación de juventud. Para lo que, en mi opinión, el trabajo de filtración, documentación e incluso voyeurístico de Esteban Crespo resulta inmejorable, con decisiones brillantes como la de esos dos protagonistas, María Pedraza y Pol Monen, asilvestrados y prácticamente noveles ante las cámaras. Si algo hay que agradecer a Crespo es esa Greta Fernández, radiante en su perversión como amiga de confidencias, a la que veremos este año en "No sé decir adiós" (Lino Escalera) y "La enfermedad del domingo" (Ramón Salazar).

martes, 9 de mayo de 2017

El futuro... ¿para cuándo?

El cine sueña desde hace tiempo con un futuro imaginario, una idealización absurda basada en el avance tecnológico que siempre termina por volverse en nuestra contra. ¿Por qué va a ser mejor que los coches vuelen o que los anuncios sean en forma de holograma? Marinetti fue el ejemplo práctico de que el futurismo termina siempre en fascismo, está en el propio devenir del hombre la ambición a hacerse con todo. Quede ahí la famosa revisión que James McTeigue hizo en "V de Vendetta" (2006) del "1984" de Orwell o los Replicantes de la mítica "Blade Runner" (Ridley Scott, 1984), que volverán a darnos la lata este octubre. Siempre siguiendo la tendencia de un inconformismo con nuestro presente, se levantan tramas a partir de teorías científicas, como "Life (Vida)" (Daniel Espinosa, 2017), o se vuelve a copiar el estilo de Scott con Takeshi Kitano al estilo de "Ghost in the Shell" (Rupert Sanders, 2017), dos obras de una excelente producción técnica que quedan vacías, como cáscaras sin alma que no se creen lo que contienen y se van desmoronando según avanza el metraje. Excepto por pequeñas excepciones, el divertido y pretencioso final del film de Espinosa, el futuro cinematográfico está en una terrible crisis creativa, ya lo dijo Pedro Barbero ("El futuro ya no es lo que era", 2016). Paradójicamente la ciencia ficción ha encontrado su mejor refugio en la comedia, como el propio ser humano, desde "Regreso al futuro II" (Robert Zemeckis, 1989) a "Guardianes de la galaxia Vol. 2" (James Gunn, 2017), la disposición de la raza humana a reírse de sí misma ha tenido siempre un buen futuro.

Ciudad futurista de "Ghost in the...", perdón de "Blade Runner"

España tampoco es diferente, "Acción Mutante" (Álex de la Iglesia, 1993) enmarca un futuro apocalíptico desde la comedia más bestia e irreverente, con la gran suerte de que con nuestros medios nunca optaremos a copiar el mapa conceptual de "Blade Runner", como se ve descaradamente en la cinta de Rupert Sanders. Con "Eva" (Kike Maíllo, 2011) entramos en otro de esos terrenos farragosos de inteligencia artificial y autómatas que corresponden al desarrollo psicosexual de mente humana, perfectamente ejemplificado en el androide placebo que interpretaba Jude Law en "A.I. Inteligencia Artificial" (Steven Spielberg, 2001). También algo de esto hay en "Ghost in the Shell", donde la sexualidad de Scarlett Johansson sale a relucir en cada escena, incluso (o por supuesto) cuando habla con su maestro, un indomable Kitano que resulta lo mejor de la película, manteniendo su japonés original. No olvidemos que la mejor adaptación cinematográfica del clásico de Robert Louis Stevenson es "El planeta del tesoro" (John Musker y Ron Clements, 2002), con sus bufones robóticos y extraterrestres a bordo del galeón solar, de lo que se deduce que el futuro es mejor cuando imita a lo clásico o lo que Nietzsche definiría como eterno retorno. A partir de esta conclusión se levanta la mejor película futurista de los últimos años, "Interstellar" (Christopher Nolan, 2014), partiendo de la deriva ecológica del planeta y completa con esas teorías físicas que nadie entiende pero que disfruta dejándose guiar por el firme pulso de Nolan, además del logro de encerrarse en una nave espacial sin caer en el precedente de "Alien, el octavo pasajero" (Ridley Scott, 1979). ¿Para cuando el auténtico futuro?

Jessica Chastain y Casey Affleck ante los campos de "Interstellar"

jueves, 4 de mayo de 2017

Todo Ordaz

El cine patrio sigue sin buscar el yodo que cure la brecha entre sus dos grandes frentes, el de las grandes películas que quieren que todo el mundo vea para hacer sus apuestas en los Goya y las pequeñas producciones —cada vez más prolíficas— donde navegan desde hace tiempo una serie de nombres repletos de creatividad, delicadeza y entrega cinematográfica. Aquí entran tanto "Mimosas" (Oliver Laxe, 2016)"Amar" (Esteban Crespo, 2017) o la última remesa de Jonás Trueba como autores consagrados como la primera Isabel Coixet, el primer Cesc Gay o el Rafael Gordon de siempre que acaba de estrenar "Todo Mujer" (2015) y que solo se puede disfrutar en cines selectos, como la Sala Berlanga, aunque no por mucho tiempo. Es cierto que si la brecha sanase este cine no sería igual, tan libre, tan evadido y cercano, se convertirían en otro tipo de proyectos, absortos del presupuesto. "Todo Mujer" guarda en sí misma una capacidad innovadora anclada en lo clásico, una belleza innata que va más allá de la historia, está en la fotografía, en la música, en todo lo que hoy conlleva poner la palabra "mujer" en una obra registrada en la propiedad intelectual. Los pocos fallos técnicos —además de algún corte que tiene su encanto— se reflejan cuando intenta ir más allá, la película es tan pura que no necesita de cámaras lentas o efectos especiales que muevan una piedra, basta con que sea "Todo Mujer" y mucho más si ésta es Isabel Ordaz. Es una película casera, en el buen sentido, por la importante significación de la casa en la historia, por lo tangible del hogar entre esas paredes destartaladas, por la despedida de una madre y la vuelta de una hija a los muros que despiertan en ella el asma de su infancia, por la acogida, "por todo lo que ha pasado en esta cama".


Casi se puede identificar al director, con su gorra y todo, entre los fotogramas de esta delicada historia que él define como una fábula, pero que en realidad es más oscura pues Esopo echaría en falta los animales, La Fontaine el verso, y ambos la moraleja. Porque no hay nada más triste y duro que una fábula sin moraleja, ahí queda la que el espectador se quiera aplicar, pero la dureza está en la mirada de esa mujer fuerte (débil y fuerte otra vez) que permanece en ese plano final frente a la Iglesia. "Todo Mujer" es todo Isabel Ordaz, la que sufre, llora, la que siempre sigue adelante —pese a sufrir el síndrome del suicidio de Moe Szyslak— y nos sorprende con una frase para la historia (de las que se recogen varias en el film, incluso sin venir a cuento) que resulta tener un giro cómico y nos resuelve la escena con toda la delicadeza y soltura que solo tienen las grandes actrices. El personaje que interpreta Ordaz es muy poderoso, todo gira alrededor de ella, está en la más siniestra soledad y rodeada por todo al mismo tiempo, en ocasiones alcanza un misticismo equiparable al que asumió como Teresa de Jesús en "Teresa, Teresa" (Rafael Gordon, 2003), lo es todo y no es nada. Se le ha equiparado con la Giulietta Masina de Fellini, pero yo veo una italiana más racial, una Sophia Loren algo destrozada por la vida, esa escena de la mujer ante al campo (en nuestro film, segoviano) por la que la Loren ganó el Oscar en "Dos mujeres" (Vittorio De Sica, 1960), todos se acuerdan de ella, aunque ahora mismo no estoy seguro de haber visto la película. Es esa fuerza, esa capacidad de atravesar los fílmico para gravarse como una imagen, como un recuerdo, lo que impone de la interpretación de Isabel Ordaz. Una película que reflexiona sobre la vida, invita a ello durante la misma, como invita a llorar y a reír, pero sobre todo a pensar, indispensable labor para un reflejo qué es puro Kierkegaard, o la condición de la existencia humana. 

lunes, 1 de mayo de 2017

¡Don Palomo! El torero de Linares

La muerte de Don Sebastián Palomo Linares ha caído un jarro de agua fría sobre los lectores habituales del "ABC", cuyas esposas no confirman la noticia hasta que ven la portada del "¡Hola!" cada miércoles, y sobre todo sobre sus hijos, enemistados con el torero —al menos de cara a la prensa rosa— y sedientos de una herencia que parece reducirse a una discreta cuenta bancaria y, probablemente, a los cuadros del polifacético Palomo que les habría dedicado con afecto. Natural de Linares, cuna de grandes personajes de la cultura de nuestro país, tales como Raphael, Miguel Blesa o la joven Natalia de Molina, y lugar que acogió la cogida final de Manolete, todo parecía pronosticar el futuro del joven torero. En una triste actualidad en la que los antitaurinos ocupan las portadas, mientras las familias de los grandes toreros llenan los tanatorios, no cabe más que acoger los nuevos tiempos con una doble verónica que vaticine una buena faena. Hacia la década de 1960 se produjo una corriente social por la que toda persona de renombre salía de su profesión para convertirse en un maniquí de moda vestido por los medios, Palomo Linares no huyó de ello y pasó a ocupar portadas y reportajes convirtiéndose en un torero de revista, para su defensa huelga decir que fue un pionero en ello ahora que solo parecen existir los de este tipo, a los que vemos acompañados de esas bellas damas que miran atentas la plaza con el luto preparado. Hubo Don Palomo de cortar un rabo en Las Ventas para imponer su arte con la muleta, eclipsado por las toneladas de papel cuché empleadas en su persona.

Palomo Linares tras charlar con Pablo Iglesias

Palomo enjaulado junto a Marisol, "Solos los dos"
Sin embargo, como reza el refrán "hasta el rabo, todo es toro", y Palomo era él mismo de cabo a rabo, triunfó en el cine de la mano de una crecidita Marisol que entonaba la música de Junior en "Solos los dos" (Luis Lucía, 1968), película infumable de éxito popular que hoy engruesa la lista de emisiones de "Cine de barrio" junto a "Una señora estupenda" (Eugenio Martín, 1970) —de un mayor cariño cinematográfico con la racialidad de Lola Flores a la cabeza— y "La Carmen" (Julio Diamante, 1976) sus otras dos aventuras cinematográficas. Ésta última toda una declaración a nuestro folclore, labor indispensable de Diamante en nuestro cine, al que le debemos la conservación por puro amor al arte de nuestra tradición, junto a directores como Carlos Saura o José Luis García Sánchez. Tampoco es casualidad que, tras cortar el rabo en Madrid en 1972, se convirtiese en uno de esos grandes nombres del toreo para estereotipar España fuera de nuestras fronteras, así ocurrió en "El espejo" (Andrei Tarkovsky, 1975) donde aparecía un grupo de españoles admiradores de un tal Palomo Linares, todo un lujo ser el referente español en una de las mejores filmografías europeas. Sin duda se convirtió en uno de los mayores referentes de la tradición del toreo para el cine, al menos desde aquella hermosa "Tarde de toros" que Vajda rodaría para la historia en 1956. Siguiendo la corriente que se dio en los 90' por resucitar a las viejas glorias dedicadas entonces a desempolvar las decenas de premios entregados en pueblos de los que son miembros de honor, Sebastián Palomo Linares fue llamado a interpretar un pequeño papel como el rey Melchor en "Los ladrones van a la oficina" en uno de los capítulos más familiares de la serie. Así se pondría el broche final a la carrera cinematográfica de Don Palomo.

Los toreros también "van a la oficina"

La faceta que me llevó a conocerle fue la pintura, una de sus mayores pasiones probablemente nacida del aburrimiento, pues parece ser el camino más fácil para el personaje reconocido que se aburre, una triste verdad para los auténticos pintores que miran con buenos ojos (véase la fotografía que acompaña este párrafo) un posible apadrinamiento. Será casualidad, pero toda esta serie de pintores por aburrimiento se decantan por el arte abstracto, compruébense así los catálogos de Paloma San Basilio o Jordi Mollà, éste último el gran vencedor en esta categoría al lograr encasquetar diez de sus obras a Johnny Depp. Lejos queda el día en el que Palomo Linares quedara asombrado antes las voluptuosas formas de Madame Bobarín, y también aquel día en el que yo le conocí después de visitar la galería de Guillermo de Osma. Mi abuela advirtió su presencia, yo, confiado por el atractivo de Bobarín que había cautivado al torero/actor/pintor, fui decidido a saludarle con un sonoro "¡Buenos días, Don Palomo!", a lo que él, sin apenas torcer la mirada, contestó sonriente: "Lo siento, hoy no tengo nada encima". Satisfecho con la anécdota que me guardaría hasta su obituario escribo hoy estas líneas recordándole con humor y alegría, con el aura celestial que siempre envuelve a los muertos en el día de su óbito. Vistiendo un luto sobre mi teclado, que hoy llora como si fuese una de esas viudas que permanecen mirando la arena ensangrentada por el toro y por su difunto, todo en uno.

Sebastián Palomo Linares ante una de sus obras

domingo, 30 de abril de 2017

Schrader trae los salvajes 70'

Cuentan que de una infancia repleta de religión y prohibiciones surgió la brillante mente de Paul Schrader, cuya pluma, siempre afilada, ha logrado traernos algunas de las historias más violentamente cinematográficas de todos los tiempos, desde "Taxi Driver" (Martin Scorsese, 1976) a "La última tentación de Cristo" (Scorsese, 1988), con obras tan estimulantes como "Fascinación" (Brian De Palma, 1976) entre medias, los guiones de Schrader han sido como heridas en carne viva que no paran de sangrar ante el espectador. Sus incursiones en la dirección se han visto marcadas por su pasado como escritor y "Como perros salvajes" (Paul Schrader, 2016) no es una excepción, un  film que tiene todos los componentes de su grandes obras perfilados con un desbordante sentido del humor. Como el personaje que el propio director se ha permitido interpretar en la película, El Greco, estamos ante un cineasta que se alimenta del cliché jugando con la idea preconcebida de la cultura general para darle una vuelta, convirtiendo así una historia habitual de secuestros y mafia en una comedia casi surrealista, completamente setentera y con un imponente espectro visual. Los 70' vuelven a estar de moda, cuando el cine parecía haberse dulcificado, "El exorcista" (William Friedkin, 1973) vuelve con un jugoso formato de serie y Scorsese vuelve a sus orígenes con "The Irishman" (2018), cuyo reparto nos pone los pelos de punta: Robert De Niro, Al Pacino, Joe Pesci, Harvey Keitel y Bobby Cannavale.

Schrader como El Greco

Mano a mano, Scorsese y Schrader
En un panorama edulcorado por las nuevas versiones de las películas de Disney en carne y hueso era necesaria la vuelta a la bestialidad y ferocidad del cine que fue reconocido como "el Nuevo Hollywood", que inauguró la década de 1970. Lo que resulta más preocupante es que esta vuelta tenga que venir de mano de sus creadores, todo un placer cinéfilo por un lado, pero una triste realidad para dentro de unos años. De momento disfrutamos con joyitas delirantes al estilo de "Como perros salvajes", donde encontramos a un autoparódico —y por ello más acertado— Nicolas Cage, al mando de una cuadrilla de tres completada por Christopher Matthew Cook y un apoteósico Willen Dafoe, que nos inicia en el film con una escena entro lo kitsch y lo salvaje que nos posiciona para el resto del metraje. A esta vieja ola que llega con retardo se pueden añadir títulos como la genial "Killer Joe" (William Friedkin, 2011) que descubrí recientemente por el canal TCM, una auténtica obra maestra donde sobra todo y no falta nada, a veces pesadas, lo cierto es que logran recuperar la auténtica esencia de aquellas producciones de bajo presupuesto que han pasado a la historia del cine, y Matthew McConaughey borda un malo de cine. Mientras en el film de Friedkin se percibía un humor más negro y sucio, en la cinta de Schrader, que ya pasó algo desapercibida en su estreno el pasado enero, nos enfrentamos al absurdo. Es el momento de disfrutar de la últimas obras de los grandes genios del Nuevo Hollywood, y de empezar a preocuparnos por el futuro de este legado.

Una escena de la brutal "Killer Joe" de William Friedkin